20 primaveras y siempre en movimiento

Chopard Manufacture. A mediados de los años 1990, Karl-Friedrich Scheufele, co-presidente de Chopard, tuvo la inspiración de una gran idea que se llegaría a materializar en 1996: recuperar la tradición relojera de Louis Ulysse Chopard, el padre fundador de la casa y recuperar la legitimidad relojera de Chopard. Así dio comienzo la creación de la Manufactura Chopard, una auténtica manufactura relojera situada en Fleurier. Sin embargo, esta ambiciosa aspiración no estuvo exenta de obstáculos para su fundador. Para ser reconocida como « manufactura », una empresa relojera debe de presentar, por lo menos, un movimiento mecánico de la « Casa ». Es decir, precisamente con lo que Chopard no contaba, puesto que en aquella época, a pesar de sus varios decenios de experiencia, no podía presumir de un movimiento propio. Por tanto Chopard decidió actuar… impulsada por  Karl-Friedrich Scheufele, desde 1993.

 

La búsqueda de la excelencia

Entonces, se dirigió por primera vez a Fleurier, cuna de la relojería desde el siglo XVIII. Sin embargo, la « crisis de los relojes de cuarzo », que había golpeado a la pintoresca Val-de-Travers durante los años 1970, había dejado unas marcas tan profundas, que todavía eran evidentes a comienzos de los años 1990. Karl-Friedrich Scheufele sabía que en aquella región aislada existían unos enormes conocimientos relojeros sin utilizar y tenía la firme intención de recuperarlos para desarrollar el primer calibre propio de la casa. La solución más sencilla habría consistido en recuperar un movimiento ya existente, de carga manual de tres agujas. Ni esta solución tan sencilla, ni la idea de introducir un calibre automático dotado de un rotor central clásico, eran del gusto de la familia Scheufele. Tanto la filosofía empresarial de la casa Chopard, como las elevadas exigencias de la clientela internacional, requerían una solución fuera de lo común. Por tanto, se tomó la decisión de optar por un movimiento equipado con un micro-rotor de carga automática, cuya integración en el movimiento presentaba dos ventajas simultáneas: por una parte, la posibilidad de admirar el conjunto del tren de ruedas y los perfectos acabados de sus componentes y por otra, que este tipo de masa oscilante permite realizar una ejecución extra plana de la mecánica. Además, esta solución coincidía perfectamente con las expectativas de Karl-Friedrich Scheufele: « Desde la fundación de la Manufactura Chopard en 1996, nuestra colección de Alta Relojería L.U.C se ha fijado como objetivo proponer soluciones únicas, tanto en términos de investigación y de desarrollo, como de diseño. La decisión tomada en 1993 de optar por un movimiento automático con micro rotor, encaja perfectamente con este deseo. El hecho de acoplar la masa oscilante a dos barriletes superpuestos constituye una solución técnica compleja, que además refleja nuestra pasión por las complicaciones relojeras. »

 

El nacimiento de una estrella: un largo proceso de investigación

Sin embargo, fue precisamente esta gran complejidad la que estuvo a punto de acabar con el conjunto del proyecto. El equipo de especialistas relojeros de Fleurier se volcó con fervor en la tarea. Dos años de investigación más tarde, a finales de 1995, Chopard alcanzaba su objetivo: la precisión del movimiento dependía de la norma cronométrica, el micro-rotor tendía dos resortes de acción paralela en los dos sentidos de la rotación y los dos barriletes superpuestos garantizaban una reserva de marcha de 70 horas.

Este movimiento automático, bautizado entonces como L.U.C 1.96, en homenaje al fundador de la empresa Louis-Ulysse Chopard y que posteriormente pasaría a denominarse L.U.C 96.01 L, fue el que permitió, en el otoño de 1996, que una nueva estrella ascendiera al firmamento de la relojería de prestigio….

Acababa de nacer la Manufactura Chopard en Fleurier. Durante aquel  intervalo, Karl-Friedrich Scheufele, por supuesto, se había ocupado de alquilar los locales adecuados, de organizar toda la maquinaria necesaria para la producción de los movimientos, y de rodearse de los colaboradores cualificados necesarios para el desarrollo progresivo de la manufactura.

Un auténtico referente de excelencia relojera para la casa

Desde entonces, técnicos creativos, pacientes relojeros y ambiciosos mecánicos de precisión trabajan con esmero en los talleres de la Manufactura Chopard, que con el tiempo han sido completamente renovados y aumentados. Todas estas personas ponen su empeño creativo y artesanal al único servicio de la perfección y de la excelencia.

A pesar de los riesgos a los que la casa se exponía, especialmente el de no estar a la altura de los grandes estándares normativos relojeros, Chopard decidió desde el comienzo de su manufactura de Fleurier en 1996, comprometerse en la camino de la  excelencia: o las primeras creaciones de la casa recibían los certificados a que esta aspiraba, o no se producirían.

Karl-Friedrich Scheufele hace así una apuesta, que a la larga Chopard gana por partida doble: el cliente final recibe la garantía independiente de una calidad irreprochable y la misma casa Chopard se obliga a un constante desarrollo de su producción al más alto nivel de certificación.

La  certificación obtenida por Karl-Friedrich Scheufele es la que otorga el Control  Oficial Suizo de Cronometría (COSC). Por entonces era la única manufactura independiente que osaba enfrentarse a su rigor desde sus comienzos.

Como el  COSC únicamente certificaba la precisión cronométrica de un movimiento, Chopard eligió después el Punzón de Ginebra. Este último garantizaría la excelencia de los acabados de los movimientos. Desde 1996 Chopard se ha sometido a los criterios de los acabados más logrados. Desde entonces, todos los componentes de los movimientos L.U.C están decorados a mano, de acuerdo con los más altos estándares de la alta relojería, por las expertas manos de los decoradores de la Manufactura Chopard. Estos últimos han recuperado algunas técnicas antiguas y casi olvidadas, como el grabado fleurisanne.

Posteriormente, en 2004 se añade también la certificación Calidad Fleurier. Chopard forma parte de las manufacturas que se encuentran en el origen de la creación de esta certificación independiente. Extremadamente exigente, da fe tanto de la calidad del movimiento, como de la pieza terminada, de forma estática y mediante simulación de su uso en la muñeca por medio del Fleuritest. Implica necesariamente una certificación del COSC y requiere superar con éxito otros controles, como los test Chronofiable o el certificado de fabricación 100% suiza.

Actualmente, Chopard es la manufactura que ha sometido el mayor número de piezas a los controles de la Fundación Calidad Fleurier, con más de 1000 relojes repartidos entre ocho modelos diferentes.

 

El desarrollo de los calibres  L.U.C

En 1996, el L.U.C 96.01-L dotado de carga automática bidireccional con micro-rotor de oro de 22 quilates, de un segundero pequeño a las 6 horas, de una reserva de marcha de 65 horas, certificado con el Punzón de Ginebra y cronómetro, representa el primer hito en la historia de la Manufactura de Chopard y pasa a equipar el primer modelo LU.C: el L.U.C 1860.

Tras el L.U.C 96.01-L, la Manufactura Chopard va presentado poco a poco sus calibres. Es cierto que esta proeza, tan fecunda como ejemplar, había sido prevista sobre el papel… pero su realización resultó todo un desafío. En pocos años, la empresa familiar de Ginebra consiguió, no solo fundar una manufactura modelo en Fleurier, sino también, producir un auténtico ramillete de calibres mecánicos. En 2016, cuando  la Manufactura Chopard celebra sus 20 años de existencia, Karl-Friedrich Scheufele puede enorgullecerse tanto de sus 11 extraordinarios movimientos de base, como de sus 87 variantes.

 

Una manufactura innovadora con múltiples patentes

Inmediatamente después, en 2000, Chopard presenta el L.U.C 98-01-L, calibre « Quattro » en el reloj L.U.C Quattro. Nada menos que cuatro acumuladores de energía y en total 1,88 metros de resortes confieren a este movimiento de carga manual, compuesto por 205 elementos, una sensacional autonomía de nueve días. El Punzón de Ginebra y la certificación del COSC dan fe de toda la calidad del movimiento y del trabajo de excepción de cada relojero. En 2003 se presentó el primer tourbillón de Chopard: con sus 29 mm de diámetro, sus 6 milímetros de grosor y sus 224 componentes, el calibre L.U.C 02.01-L, se beneficia de una innovación técnica eficaz: el balancín de inercia variable « Variner » de cuatro brazos, con cuatro cabezas perdidas de ajuste integradas, asociadas a una espiral en curva Phillips y a la tecnología « Quattro » de cuatro barriletes. A fin de compensar las imprecisiones debidas a la gravedad, el tourbillón pivota cada minuto a 360 grados. El Punzón de Ginebra y el certificado de cronometría, extremadamente raro para los relojes con tourbillón, vienen a completar el abanico de los resultados de este movimiento de excepción.

En cuanto al calibre L.U.C 96.13-L de 2005, dispone, no solo de un calendario perpetuo que no va a requerir ninguna corrección manual desde ahora hasta 2100, sino también de un  « indicador de las fases de la luna orbital ». Según el ritmo de los años bisiestos, este nuevo indicador no se desvía de 24 horas en relación a la realidad celeste más que cada 122 años y 45 o 46 días.

 

El tiempo en versión acústica

2006 marca la creación del primer calibre con sonería de la colección L.U.C. Los técnicos y los relojeros participaron en la creación de un mecanismo de sonería particularmente complejo. Gracias a un mecanismo sofisticado, el L.U.C 96.14-L del L.U.C Strike One, compuesto de 300 elementos, golpea de manera autónoma el número de horas con el sonido cristalino de un gong. Esta prestación acústica se puede desactivar mediante la sencilla presión de un botón.

 

Superar el desafío de los cronógrafos

Las apariencias a veces engañan… particularmente los cronógrafos ponen a los relojeros ante un desafío, puesto que la mecánica que implican presenta una complejidad sorprendentemente elevada. Presentado en 2007 en el reloj L.U.C Chrono One, el calibre automático L.U.C 03.02-L, con rueda de columnas y función  flyback exige unas 16.000 horas de intenso trabajo de investigación y de desarrollo por parte de un equipo de 25 colaboradores. Entre las innovaciones destacadas, una palanca de puesta a cero con martillos suaves, una carga automática con engranaje patentado y un sofisticado mecanismo de puesta a cero del segundero.

 

Un condensado de saber hacer relojero

El calibre L.U.C 05.01-L fue creado en 2010 para celebrar los 150 años de la casa. Karl-Friedrich Scheufele decidió hacer algo muy especial y así nació un reloj de pulsera, el L.U.C 150 All-in-One, que reunía en su caja al mismo tiempo todos los elementos técnicos desarrollados hasta el momento y nuevas complicaciones. Además de sus cuatro barriletes, 216 horas de autonomía, un tourbillon, un calendario perpetuo, un « indicador de las fases de la luna orbital » con representaciones de las constelaciones en el hemisferio norte, esta proeza técnica muestra también, en la parte posterior de la caja, la diferencia entre la hora solar real y la hora media (ecuación), así como la hora del amanecer y la de la puesta del sol. Para crear este movimiento, marcado con el Punzón de Ginebra y con certificado de cronometría, los relojeros han utilizado en total 558 piezas.

 

Una « primicia » mundial bajo el sello de la evidencia

A continuación, en 2011, la Manufactura Chopard demostró con gran brío todo su dominio de la precisión certificada y presentó el L.U.C Triple Certification Tourbillon. Previamente, antes de introducirlo en la caja, el calibre de carga manual L.U.C 02.01-L debe pasar por el Control Oficial Suizo de Cronometría (COSC). Respondiendo a los más altos criterios sobre el acabado de los componentes del movimiento, la pieza está marcada con el Punzón de Ginebra. Finalmente, el reloj se somete a la certificación más exigente del mercado: el certificado de Calidad Fleurier. Una máquina, especialmente concebida a este fin determina concretamente la precisión del reloj dentro de su caja definitiva, a lo largo de un ciclo de 24 horas, durante las que se simulan las condiciones de uso reales.

 

La maestría de la alta frecuencia

En 2012, Chopard presenta la sorprendente prueba de que una frecuencia elevada no influye forzosamente sobre la reserva de marcha de una pieza. El balancín y la espiral del movimiento L.U.C 01.06-L del L.U.C 8HF, el primer reloj de alta frecuencia de Chopard, efectúan no menos de 57.600 alternancias por hora, y sin embargo, el calibre automático de un barrilete funciona unas 60 horas. La casa acompaña cada uno de estos movimientos con un certificado oficial del COSC.

 

El homenaje a la tradición de los movimientos de carga manual

La Manufactura Chopard da su lugar a los más bellos calibres mecánicos de carga manual. El calibre del reloj L.U.C Louis-Ulysse The Tribute, el movimiento L.U.C 06.01-L, que alcanza los 43,2 milímetros de diámetro con 5,5 milímetros de grosor, no pasa desapercibido. Esta joya mecánica, acompañada del certificado del COSC y grabada con el Punzón de Ginebra, es fruto de la cooperación con la Escuela de Relojería de Ginebra (EHG), que prevé que durante treinta años, los alumnos de este establecimiento de larga tradición podrán realizar su trabajo para la obtención del diploma, utilizando componentes del L.U.C 06.01-L.

Concebido en 2013, el L.U.C 1963, equipado con el calibre L.U.C 63.01-L, marca el aniversario de los 50 años de la familia Scheufele a la cabeza de la casa Chopard. Con sus platinas y sus puentes de alpaca decorada a mano, es una pieza de alta relojería de gran contenido afectivo. Rinde homenaje a la tradición de la bella relojería y a la cronometría a la que Chopard está profundamente unido.

 

Chopard, pionera del  uso de oro ético Fairmined

Valiéndose del espíritu pionero que inspira a la Casa desde sus comienzos, en 2014 Chopard lanza, en primicia mundial, un reloj de alta relojería realizado con oro ético: el L.U.C Tourbillon QF Fairmined. El oro ha sido extraído de manera responsable y los mineros, retribuidos a un precio justo, además han recibido una prima para contribuir a la formación, al bienestar social y a la protección del medio ambiente. Esta primicia se inscribe en el proyecto previsto para varios años, denominado “El Viaje hacia el Lujo Sostenible”, a través del cual Chopard se compromete a desarrollar un lujo sostenible. La voluntad de Karl-Friedrich Scheufele es que a largo plazo toda la colección L.U.C se fabrique con oro ético.

La Manufactura Chopard celebra sus veinte años presentado a lo largo de 2016 nuevos movimientos y realizaciones excepcionales. En menos de 20 años, la Manufactura Chopard ha logrado formar parte del círculo muy cerrado de las auténticas manufacturas relojeras, desarrollando y fabricando los relojes L.U.C de la Casa, en una iniciativa que aúna tradición e innovación.

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