Cartografía de un Plan

Acerca de una lectura memorable

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…Adolece de franqueza anotar estas líneas sin aclarar antes que me une a Paula Perez Alonso una amistad de años, y que hemos reído y pensado en inúmeras conversaciones. Nuestros temas son parecidos a los suyos cuando se encuentra con la gente que quiere: la vida, la economía, lugares, viajes, los amigos, a veces angustia, otras alegría y proyectos.

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Hay sin embargo, algo que concurre -aunque sea por unos minutos- en nuestros encuentros: la escritura, pero sobre todo el libro y su tensión entre el papel y la web oceánica. Supe de sus viajes de Estambul a Atacama, de su padre, de su pasión por Ezra Pound, y de su compromiso amoroso con la ficción argentina buscado el rastro en cada escritura del paso del presente.

Sin embargo ignoraba que tramaba un territorio, que diseñaba el mapa que lo replica, y que ese no lugar, era el sitio donde se desarrollaba un plan.

Aquí ya no importa la amistad, sí mi relación con un libro sorprendente: El Gran Plan.

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Es gracia que Paula haya puesto la escritura en el espacio, transformando la palabra en un ticket de tren, pero indicando un itinerario predeterminando que nos hace descender en determinadas estaciones. Así, aquí en Buenos Aires, o quién sabe donde, hay alguien que ama, pero sabe que debe partir de ese amor. Se va mansamente y reaparece en el desierto de Atacama contemplando un horizonte cortado y una colección de personajes que parecen hamsters dando vueltas en la jaula de su obsesión. La mujer escrita observa , y apenas interviene. Este fragmento de la novela es admirable pues las imágenes se transforman en fotografías proyectadas en las paredes interiores de nuestro cerebro, lector.

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Y, es paradoja, nada tienen que ver con el relato de las artes visuales, son slides fabricados desde la palabra, los fragmentos de sentido que ella declara, pero también que escapa. La proposición es perfecta pero engañosa, tiene agujeros por los que escapa el placer del significado y ponen a bailar al significante en el lugar incierto y evasivo del goce. Acaso el plan de Paula Pérez Alonso exige un pequeño ensayo, pero aquí no puedo intentarlo, el espacio me limita, la sabiduría del haiku o el tweet no me fue dada. Agregaré sí , que la obsesión del padre- no el de Paula, el de la literatura, el del escritor- por Ezra Pound es un ejercicio encantador. También la lectura de EL Gran Plan exigiría otras lineas para revisar los loops que encadenan asuntos del siglo pasado que, inesperados, se actualizan y provocan una escritura contemporánea.

Diré también que la pesca en cierto río es reveladora.

Me detengo para invitarlos a leer las líneas que siguen y transcurren en el desierto de Atacama, hay un hotel inefable… unos que buscan, una mujer observa.

Novela que provoca placer y nos lleva hacia adelante; escritura que conecta con el goce y alli nos inquieta y hace retroceder.

EL Gran Plan es una novela alegre y desesperada.

Carlos Alvarez Insua

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