Drive, Cartier forever

Lo memorable…SIHH

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Luego de casi veinte años de visitar la SIHH  advierto que más allá de la versatilidad y profusión de referencias, diseños, familias y grados mayores o menores de complicación, al partir de Ginebra, la memoria saturada de información tiende a asociar cada edición con un reloj que, por razones personales me enamora. Este “feel in love” en ocasiones tiene por objeto relojes extremos de precios extraordinarios; en otras, relojes simples cuyo poder es a medias, la belleza que encandila nuestra mirada, a medias la racionalidad constructiva que dialoga con nuestra razón y nos tranquiliza. Acaso podría sintetizar esta experiencia en uno, dos o tres relojes, pero no puedo separar este permiso emocional de mi deber periodístico. Así pues decidí revisar varias  marcas y elegir de cada una de ellas un reloj. En esta ocasión no apelé a mi conocimiento técnico ni a la relación entrañable que me une a algunas manufacturas, sino a la  lógica de lo memorable -lo que en algún sentido es una aporía ya que la memoria es arbitraria y emocional-. Asi  seleccione dentro del conjunto de marcas del salon, el primer reloj cuya imagen volvía a mi memoria.

En esta entrada comienzo con mi Cartier 2016 memorabe

Drive, Cartier.

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Entre fines de 2015 en New York y el SIHH de 2016 tuve la suerte de ver de manera exhaustiva la amplia colección de Cartier. Estuvieron en mis manos Panteras y bebés Panteras, las versiones esqueletizadas de la magnífica Clé, las nuevas exploraciones en la alta complicación de la gran y querida Carole ForestierKasapi, profusos y misteriosos tourbillons y calendarios perpetuos.

Muchos relojes inolvidables y singulares en los que bailan el lujo extremo, el humor y la sorpresa con el inconfundible paso de Cartier….

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Sin embargo, es paradoja, lo primero que visita la memoria es el Drive, un reloj tan simple como perfecto que recupera la forma toneau esencial al DN de Cartier de manera fresca y contemporánea. Me admira que dicha forma se aplique en el bisel que enmarca la esfera, que los números romanos de Cartier adquieran su exacto lugar en una forma singular en el que juegan el círculo y el cuadrado. También el equilibrio del segundero habitual es ejemplar y pone en diálogo el pasado con el presente. Se destaca en el recuerdo el azul de las agujas inventando tornasoles en el marco de oro rojo de la caja y el plateado de la esfera. Sorprende cómo Cartier ha conseguido lanzar un nuevo reloj que nos parece conocemos desde siempre, acaso de eso se trata el arte de crear objetos nuevos con destino de clásicos.

Carlos Alvarez Insua

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