LA DANZA DE LOS ESQUELETOS

Mientras anoto  ya parten de París los últimos participantes de la cumbre climática, ningún país, aun los más resistentes a aceptar el efecto invernadero, niega que algo está pasando en el clima del planeta. Son profusas las noticias alarmantes, pero aquí deberé decir que el delirio del clima me deparó una alegre sorpresa: llegué a New york en noviembre y las temperaturas eran las de una primavera cálida. Solo informaba del otoño la temprana puesta del sol pues la gente andaba por las calles en t-shirts y en camisas y por las noches bastaba con una campera ligera.

 

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La llegada sucedió el 5 de noviembre y el motivo fue un de las rutinas que más aprecio en mis travesías, encuentros y visitas a través del mundo: la reunión para la prensa especializada que organiza Cartier para anticipar las novedades que habrá de presentar en el Salón de Ginebra. Antes de contarles y mostrarles imágenes de los relojes, pues la salida de este número coincidirá con el fin del embargo que me inhibía hablar de estas piezas, haré una referencia a la fineza con la cual Cartier administra les lois de l’hospitalité. Dos comidas memorables, una en The Clock de la que recordaré la perfección del lamb, sangrante y perfecto, y acaso el pan más rico que he comido en New York. Se dice que los vinos fueron magníficos, pero no puedo opinar pues solo tomo Coca Light con hielo.

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El almuerzo posterior sucedió en el Eleven del Radison que es, sospecho, el mejor restaurant de N.Y. en 2015. Por último, The Edition, en 24th y Madison, un hotel perfecto que administra con equilibrio, elegancia, distinción y funcionalidad con un lobby-bar muy cool y alegre que arde todas las noches de la semana. Aquí, para despedirme del ambiente agrego el placer de encontrar tantos amigos y la amigable eficiencia para administrar el evento de Christophe Massoni, CEO de Cartier para América Latina y el Caribe de Cartier para América Latina y el encanto de Eugenia Romero coordinadora de relaciones públicas y eventos para Cartier Latinoamérica y el Caribe.
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El mundo de los relojes tiene una étoile que afortunadamente es también una amiga, Carole Forestier. Otra vez esta genial relojera parisina que revolucionó la alta relojería suiza de los últimos 10 años nos contó cada detalle y matiz de los nuevos relojes sin prejuicios ni temor a enfrentar inquisiciones rigurosas provocando siempre respuestas irrefutables. Más de 20 años visitando el universo de Cartier me permiten dejarme llevar por las impresiones personales y la emoción y sorpresa que me provoca el encuentro con cada uno de los nuevos objetos que habitan este sistema. Así no me detendré en lo extremadamente técnico sino en el impacto que me provocaron algunas piezas. Ya he escrito largamente sobre Clé, pero en este caso hay algo nuevo: la esqueletización. Creo que esta técnica ha llegado -durante el trabajo de Carole- a su máxima expresión, y que no existe nadie en la industria que produzca relojes esqueletizados tan perfectos y confiables. El segundo aserto importa mucho, pues la acción de calar el calibre hasta transformarlo en esqueleto supone perder volumen de material, lo cual podría suponer fragilidad. Ella y su equipo administran los puntos de tensión de los materiales y hoy el esqueleto de Clé, como antes el de Santos, es, además de sorprendente, indestructible. En esta ocasión también nos revelaron otra esqueletización notable: ella sucede en uno de los relojes icónicos de Cartier cuya belleza, locura y humor nunca terminan de sorprenderme, el Crash. Aquí agrego que la desaparición del cuadrante y la exhibición de un movimiento donde proliferan un sistema de líneas, transparencias y dorados, agrega algo nuevo a un reloj que es de siempre.

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De estos días en Nueva York traigo una noticia para la mujer. Panthère propone un felino que atrapa la circunferencia del reloj en un set extremo de piedras y metales preciosos. Agrega al carácter extremo del reloj la transparencia del cuadrante con la que la manufactura sigue aprovechando las teknés desarrolladas hace ya algunos años a partir del lanzamiento de los misteriosos. Ha sido también en la Pantera donde Carole ha aprovechado su extraordinario dominio de la alta complicación relojera para crear una escena de autómata que se pone en juego presionando la corona y que es un genial chiste femenino: Baby Panthère. Claro que esto no fue todo, pues las derivaciones sobre los Rotonde Day and Night y Luna y Tierra son realmente nuevos relojes con razones técnicas y DNA propios. Ya sobre el final me parece muy interesante observar el trabajo de Carole Forestier aprovechando el contraste entre la espectacularidad del diseño, la extrema complejidad técnica y el vacío… ¿ a qué me refiero con vacío?… pues a la transparencia. Algunas de las nuevas piezas de Cartier brillan tanto por lo que dibuja el material como por los espacios donde no está. Son relojes impresionantes que, puestos en el pulso, también revelan nuestra piel. Con ganas de verlos de nuevo en la SIHH y ansioso del próximo noviembre 2015 del Watchmaking Club de Cartier.

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